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El PIB México 2026: el campo y la estabilidad abren la ruta al crecimiento

Con estabilidad cambiaria, superávit comercial récord y una ganadería pujante, hay condiciones para impulsar la productividad agropecuaria y convertir la cautela en despegue.
28 de septiembre de 2026 por
AMEXFAL

La economía mexicana avanza en 2026 con crecimiento débil, pero también con fundamentos que permiten construir una recuperación. Las cifras oficiales del INEGI muestran una contracción de 0.8% del PIB en el primer trimestre, que interrumpió cuatro trimestres de expansión. A tasa anual, el avance fue de apenas 0.2%, sostenido por el sector terciario. Las actividades secundarias cayeron 1.1% y las primarias retrocedieron 0.1%. El segundo trimestre trajo una recuperación de 1.5% trimestral y 2.1% anual, impulsada en parte por el Mundial de Fútbol. Los analistas advierten que ese efecto es temporal, pero reconocen que la actividad mostró fortaleza. El grupo de especialistas consultados por Banxico elevó su pronóstico de crecimiento para 2026 de 1.20% a 1.30%. La brecha frente a las proyecciones oficiales sigue siendo amplia, pero el dato relevante es que México evita la recesión y conserva margen de maniobra.

 

El sector agropecuario ofrece la mejor evidencia de que el potencial existe. En el primer semestre de 2026, el PIB agropecuario creció 2.12% anualizado, aunque representa apenas 3.9% del PIB total. La agricultura avanzó 0.69% y la ganadería 5.02%. Esa diferencia de más de siete veces merece explicación. La sequía persistente golpea con mayor severidad a los cultivos. El déficit hídrico reduce los rendimientos de maíz, sorgo y forrajes, que dependen del ciclo de lluvias y del agua de riego. La ganadería ha mostrado mayor capacidad de adaptación mediante suplementos alimenticios y sistemas productivos controlados. Los precios internacionales de los granos castigan al agricultor, cuyos márgenes se comprimen. El ganadero, en cambio, encuentra un mercado externo robusto. Las exportaciones mexicanas de carne de bovino crecieron 24.3% en volumen y 46.9% en valor durante el primer semestre. La contracción del hato estadounidense abrió una oportunidad real que el productor mexicano está aprovechando.

 

Ese dinamismo ganadero descansa, sin embargo, sobre una base frágil. La producción pecuaria de 2026 se sostiene con los granos cosechados en 2025 y con un aumento de las importaciones de maíz y sorgo. El arreglo funciona mientras el mercado externo ofrezca grano abundante y barato. No resuelve el horizonte de 2027. La agricultura nacional creció apenas 0.69% en el primer semestre, de modo que la oferta interna de grano para el próximo ciclo será magra. Si el peso se deprecia o los precios internacionales repuntan, el costo de alimentar al hato mexicano se elevará y el margen ganadero se comprimirá. La ventaja actual podría diluirse justo cuando el productor necesite consolidar su presencia en los mercados de exportación. La ganadería pujante de hoy no garantiza la ganadería competitiva de mañana.

 

El financiamiento sigue siendo el punto débil del campo. Solo 6% de las unidades de producción rural accede a crédito. Los agricultores pagan tasas de hasta 22%, frente a 3% o 4% de sus contrapartes estadounidenses. Esta asimetría castiga a la agricultura, intensiva en capital de trabajo, y en menor medida a la ganadería, cuyos activos fijos sirven como garantía. Corregir esa brecha es la herramienta más clara para elevar la productividad rural.

 

El tipo de cambio peso-dólar aporta un elemento de estabilidad. El grupo de analistas espera que la paridad cierre 2026 en 17.50 pesos por dólar. Un peso fuerte abarata insumos importados, aunque encarece las exportaciones agropecuarias. La balanza comercial registró un superávit récord de 9,857.3 millones de dólares en el primer semestre, el mayor desde 1980. Las exportaciones crecieron casi 28% anual en los primeros siete meses. Ese superávit se sustenta en la triangulación de equipo de cómputo, con bajo valor agregado nacional, mientras las exportaciones automotrices retroceden. La tarea pendiente es convertir esa estabilidad en inversión productiva y en mayor contenido nacional.

 

El futuro inmediato depende de revertir la caída de la inversión fija y de elevar el valor agregado de lo que México vende al mundo. La brecha entre agricultura y ganadería no se cerrará con políticas uniformes. Exige crédito oportuno, infraestructura hídrica y tecnología adaptada a cada actividad. México tiene estabilidad cambiaria, superávit comercial y un sector pecuario en expansión. Esas condiciones no garantizan el despegue, pero lo hacen posible.

 

Referencias:

Instituto Nacional de Estadística y Geografía. (2026). Producto Interno Bruto por entidad federativa y sector de actividad económica, primer semestre 2026. https://www.inegi.org.mx

Banco de México. (2026). Encuesta sobre las Expectativas de los Especialistas en Economía del Sector Privado, agosto 2026. https://www.banxico.org.mx

Departamento de Agricultura de Estados Unidos, Servicio de Agricultura Exterior. (2026). Livestock and Poultry: World Markets and Trade. https://www.fas.usda.gov


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