El conflicto en Medio Oriente estrangula el suministro global de urea, los agricultores estadounidenses ajustan sus superficies de siembra y la industria mexicana de alimentos balanceados enfrenta el desafío de asegurar el abasto en un entorno de alta volatilidad.
La industria mexicana de alimentos balanceados enfrenta una coyuntura crítica. El conflicto en Medio Oriente, la crisis en el suministro de fertilizantes y la respuesta de los agricultores estadounidenses configuran un panorama que exige decisiones estratégicas por parte de los tomadores de decisión del sector.
El estrangulamiento de la principal ruta de fertilizantes
El estrecho de Ormuz, por donde transita cerca de la mitad de las exportaciones mundiales de urea, permanece bloqueado en el marco del conflicto que involucra a Irán, Estados Unidos e Israel. El impacto ha sido inmediato: el precio de la urea ha aumentado más del 50 por ciento desde el inicio de las hostilidades, superando los 600 dólares por tonelada.
Esta crisis se suma a un mercado global ya concentrado en pocos actores. Rusia lidera las exportaciones mundiales de fertilizantes con cerca del 16.6 por ciento del total, mientras que China le sigue con el 10.1 por ciento. Las tensiones geopolíticas han fragmentado los flujos comerciales. La guerra en Ucrania redirigió las exportaciones rusas hacia Brasil e India, mientras que la Unión Europea aplica aranceles graduales a los fertilizantes rusos. China mantiene un estricto control mediante cuotas a sus exportaciones.
México ante una encrucijada de abasto
Esta concentración geográfica explica la vulnerabilidad de países altamente dependientes de importaciones como México, que importa alrededor del 75 por ciento de los fertilizantes que consume, según la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural.
El dilema de las siembras en Estados Unidos
La reacción de los agricultores estadounidenses ante este shock de costos tendrá consecuencias directas sobre la disponibilidad de granos para México. La fertilización puede representar hasta el 45 por ciento del costo de implantación del maíz, por lo que el encarecimiento de los insumos modifica las decisiones de siembra en Estados Unidos para el ciclo 2026. Los analistas anticipan una recomposición del área cultivada hacia cultivos que requieren menor fertilización nitrogenada, como la soja, en detrimento del maíz.
Mientras tanto, los productores mexicanos definen sus propios planes para el mismo ciclo, enfrentando también el aumento en el precio de los fertilizantes. Esta presión sobre los costos locales se combinará con la expectativa de precios más altos para el maíz importado, producto de la menor oferta esperada desde Estados Unidos.
Las importaciones mexicanas de maíz alcanzan aproximadamente 26 millones de toneladas anuales, lo que representa más de la mitad del consumo nacional. Más del 99 por ciento de estas compras provienen de Estados Unidos, mayoritariamente maíz amarillo destinado a la alimentación animal.
La ventaja del sorgo mexicano
Frente a este escenario, la industria mexicana cuenta con una ventaja que debe ser capitalizada: el conocimiento técnico acumulado durante décadas en el uso de ingredientes alternativos. México tiene una vasta experiencia en la incorporación de sorgo en las dietas para aves, cerdos y bovinos.
Los nutriólogos y especialistas en formulación animal dominan los ajustes necesarios en perfiles de aminoácidos, el uso de enzimas exógenas y las estrategias de balance energético que permiten sustituir parcial o totalmente el maíz por sorgo sin comprometer el desempeño productivo. Este conocimiento constituye una capacidad instalada que puede activarse en el corto plazo.
Existe además un factor de diferenciación estratégica. A diferencia del maíz amarillo importado de Estados Unidos, cuya oferta está compuesta mayoritariamente por variedades genéticamente modificadas, el sorgo que se produce en México corresponde a variedades convencionales no modificadas. Esta característica abre oportunidades para atender nichos de mercado específicos.
Una ruta hacia mayor solidez del sector
Los próximos meses serán determinantes. La crisis en Medio Oriente se inserta en un mercado global tensionado por las restricciones de China y la reconfiguración de los flujos comerciales rusos, lo que ha puesto de manifiesto la vulnerabilidad de las cadenas globales de suministro.
El sector cuenta con los elementos para construir una respuesta sólida: conocimiento técnico especializado, experiencia en el uso de ingredientes alternativos y la ventaja de contar con un grano nacional no modificado genéticamente. La clave estará en articular estos activos para que el sorgo y otros granos producidos nacionalmente ganen participación en la matriz de ingredientes.
La coyuntura actual no es solo una amenaza, sino también una oportunidad para que la industria mexicana demuestre su capacidad de adaptación en la construcción de un sistema de alimentación animal más soberano y competitivo.
Referencias.
Rabobank. (2026, marzo 12). Middle East conflict: The impact on Australia‘s agriculture and economy. RaboResearch.
Food and Agriculture Organization (FAO). (2026, marzo 17). FAO warns war on Iran could disrupt global energy, fertilizer and food markets. SANA.
UkrAgroConsult. (2026, marzo 17). Mexico cuts corn production amid rising costs and low prices.
Biovision Foundation / AWP. (2026, marzo 8). Expert warns of an impending crisis that will also hit us hard. blue News.
Expert Market Research. (2025). Agrochemicals Market Size, Outlook, Report Analysis | 2035.