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La Oportunidad Estratégica en el Sorgo para la Industria de Alimentos Balanceados en México

February 18, 2026 by
La Oportunidad Estratégica en el Sorgo para la Industria de Alimentos Balanceados en México
AMEXFAL

Frente a la dependencia de importaciones, el sorgo nacional de calidad, respaldado por la capacidad técnica del sector y un abasto estratégico, ofrece la ruta para construir un modelo de abastecimiento sólido y competitivo.


La industria mexicana de alimentos balanceados se encuentra en un punto de inflexión que puede transformarse en la mayor oportunidad de las últimas décadas. Con una producción anual superior a 42 millones de toneladas, nuestro sector consume cerca de 25 millones de toneladas de granos, de los cuales el maíz amarillo importado representa una proporción abrumadora. Esta dependencia estructural nos expone directamente a la volatilidad de los precios internacionales, a las fluctuaciones cambiarias y a los riesgos logísticos globales. Frente a este diagnóstico, el sorgo producido en México emerge no como una simple alternativa de sustitución, sino como el pilar para construir un nuevo modelo de abastecimiento más fuerte, competitivo y soberano.

El sorgo supera al maíz en eficiencia agronómica por su menor requerimiento hídrico, mayor tolerancia al estrés térmico y versatilidad de uso que incluye grano, forraje, pastoreo y ensilaje, lo que lo convierte en un cultivo estratégico para regiones con disponibilidad limitada de agua.

Para que esta visión sea realidad, partimos de dos premisas fundamentales ya al alcance de la industria. La primera es la disponibilidad de sorgo nacional de alta calidad, específicamente de variedades blancas o bajas en taninos, cuyo desempeño nutricional es comparable al del maíz cuando se maneja adecuadamente. La segunda es la capacidad técnica instalada en nuestras plantas. Los nutricionistas y equipos de formulación cuentan con el conocimiento para realizar los ajustes precisos en las dietas, ya sea en la suplementación de aminoácidos o en el balance energético de las raciones. No hablamos de experimentación, sino de la aplicación de una ciencia ya dominada que puede implementarse desde el primer día.

La viabilidad económica de esta estrategia descansa en un comportamiento de mercado consistente. Históricamente, el sorgo nacional cotiza con un descuento estructural frente al maíz, diferencial que se amplía durante los periodos de mayor cosecha nacional. La estacionalidad de las producciones, en particular la del primer trimestre, genera ventanas de oportunidad claramente identificables. Un calendario estratégico de compras permitiría a las fábricas programar sus mezclas de manera óptima, maximizando la inclusión de sorgo en los meses de mayor disponibilidad. No se trata de una decisión binaria entre un grano u otro, sino de una gestión dinámica y rentable de una mezcla que optimiza el costo de las fórmulas sin comprometer el desempeño animal.

El objetivo para el final de la década es ambicioso pero alcanzable. Proponemos incrementar la participación del sorgo en la formulación de alimentos balanceados del 11% actual a 30%, aumentando su consumo anual de 4 millones a 8 millones de toneladas, abastecidas mayoritariamente con producción nacional. El impacto directo sería el desplazamiento de un volumen equivalente de importaciones de maíz amarillo, reduciendo nuestra dependencia externa e inyectando competitividad a toda la cadena cárnica. Esta meta no requiere una revolución tecnológica, sino una decisión coordinada y sostenida que articule a los actores de la cadena productiva.

Para convertir esta oportunidad en realidad tangible, se requiere una planeación estratégica que articule la producción primaria con la demanda industrial. Es indispensable que la industria se vincule directamente con la agricultura nacional a través de esquemas de agricultura por contrato. Estos acuerdos deben garantizar al productor un precio justo y certidumbre, y a la planta de alimentos, el volumen, la calidad y la logística necesarias para acopiar grano durante los picos de cosecha. La confianza mutua que generan estos contratos es la base para que el productor se tecnifique, adopte semillas mejoradas y eleve sus rendimientos. Paralelamente, se recomienda institucionalizar el uso de un calendario estratégico como herramienta de gestión de compras, ajustando las políticas de abastecimiento para privilegiar la compra de sorgo nacional en los meses posteriores a la cosecha. En el ámbito público, el sector privado debe buscar el acompañamiento gubernamental para el diseño de esquemas de cobertura de precios y el fortalecimiento de la infraestructura de almacenamiento en las regiones productoras.

La sustitución estratégica de maíz importado por sorgo nacional no es una postura ideológica, sino una decisión de negocio fundamentada en datos, capacidad técnica y una oportunidad de mercado claramente identificada. En un entorno global de incertidumbre, la fortaleza de nuestras cadenas de suministro será el factor que diferencie a las empresas líderes. El conocimiento está disponible, el grano se produce en México y la ecuación económica se sostiene. Lo que ahora se requiere es la voluntad para coordinar los esfuerzos y la visión para ejecutar una estrategia de mediano plazo que definirá el futuro de nuestra industria y fortalecerá la soberanía alimentaria de México.


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